lunes, 28 de marzo de 2016

Jardines del Turia

El sol cae sobre la tarde,
Y adormece mi latido, con el sonido del viento que se lleva mis pisadas.
Su brisa me murmura al oído,
Lo que tu mirada esconde tras los cristales…. de alegres ventanales.
El humo se dispara en una bocanada
Y en el, saboreo tu beso,
De fruta madura y hielo.
Tu frialdad caliente me produce un escalofrío,
Que desemboca en oleadas de deseo en mi vientre.
Anticipo algo latente,
En el rincón más intimo de mi cuerpo.
Ya… no me dejes escapar,
Encuéntrame entre tus piernas, entre tus dientes…
Encuéntrame en mi ausencia.
Permanece en el recuerdo conmigo,
Recuerda la fuerza de mi silencio en tu nuca.
Embriágame con tu amor tóxico,
Intoxícame,
Desnúdame por dentro
Y vísteme la boca con tus labios.
Mírame con o sin miedo,
Mejor tiembla por tenerme cerca.
Muérdeme cuando menos me lo espere,
O espérame y te muerdo.
En mi pecho explota una sinfonía,
Que grita, te grita
“¡Devuélveme lo que es mío!”
“O hagamos lo nuestro”
Sin “entre tantos” que el sol ya se ha desvanecido.

 Sara Fernandez del Castillo 

 Lucrecia García-Atance Villalonga

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Nunca antes mencioné Noviembre

Siempre hice referencia a Mayo, nunca mencioné nuestro Noviembre. Así como Mayo ha sido un nacimiento entre nosotras. Noviembre ha sido y es  nuestro final y me doy cuenta de ello hoy. Noviembre es el momento en el que caen las hojas de nuestro árbol. Hace años yo las agarré con fuerza y las pegaba con alfileres de vuelta a sus ramas, con miedo de que el árbol muriera, se acabara. Y eso estuve haciendo hasta principios de febrero, en su momento, hace tiempo.
Este árbol que ha vuelto a nacer en Mayo, vuelve a marchitarse en este Noviembre y esta vez no pienso sujetar nada, ni una sola hoja. Igual que se caerán las hojas, se caerán mis lágrimas al ver algo tan doloroso, cómo es el árbol que con tanta ilusión alimentamos, alimenté. Esta vez del dolor y la prisa porque se acabe, incluso he zarandeado el árbol para que caigan las hojas más rápido y ya me ha dicho una gata que rondaba cerca en ese momento, que las deje caer a su ritmo, en su baile. Este Noviembre duele ya que miro a este árbol, te miro a ti y me digo que ya no me quedan semillas de este tipo para plantar junto a ti. Y si me quedan algunas, las lanzaré al viento con un beso.
En mi jardín, no quiero plantar otro así. Lo sabíamos desde el principio, que había un gran riesgo de que creciese algo demasiado alto, demasiado rápido. Asumimos el riesgo. Ahora yo decido esto. Decido mirar el otoño lacrimógeno que vivo y embaucarme sola en el Invierno que aguarda.
Me merezco un árbol que duré algo más que 2 estaciones calurosas. Me merezco un árbol que al ritmo que sea, perduré más tiempo.


En la próxima primavera las flores crecerán, pero está vez ya no habrá lirios. Dejaré que me sorprenda Mayo o cualquier otro mes.

domingo, 19 de julio de 2015

PESAR

Ayer por la noche mi mente se disipó y sentía el cerebro esparcido por mi cráneo, derretido y palpitante: lento. Ahí es cuando todo lo que tiene que salir del cuerpo adormecido sale, las luces disparan a los ojos. La mirada gira, el sonido se olvida. Apareció un batido de vainilla a la 1:00 a.m, delicioso. Se me hincho la tripa como un globito de cumpleaños,

-aunque este había sido hace una semana.-

 La pajita era rosa con estrellas blancas, al terminar la limpié y me la lleve a casa. Está en mi bolso, no se que haré con ella. La mesa sobre la que reposaban mis brazos y mis codos era de rayas blancas y rojas, de mirarlas acabé mareada.
Volver a casa, mi cama blanca, el sueño, dormir, cerrar los ojos y acabar con aquel color flúor estridente.

-Eso hice. –

Ahora por la mañana, despierto con la luz azul blanquecina que se desliza por debajo del estor tupido, me gusta ese color, me gusta la sensación de escondite  que me proporciona. Y así me levanto de mi cama y abro las contraventanas y entra el día entero por los cristales, inspiro, quiero más, abro las ventanas y se escucha el corta césped en el patio ajardinado donde el portero de los domingos, cada domingo corta el césped, despacio, arrastrando sus pies.
Mi estómago molesta, se queja, desayunar despacio, sin prisa, caminar mil veces de la cocina a mi cuarto, pocas veces desayuno fuera de mi cuarto.

-Galletas, Té. Té de melón blanco, galletas con pepitas de chocolate, solo he probado el té por ahora, estoy escribiendo.-

 He preparado el té con las manos y me he manchado de hojas verdes y secas la mano derecha me ha gustado la sensación, comer con las manos y los labios y la boca. Y colocar los ojos sobre la comida breves instantes, comer sin mirar, comer con dientes y la lengua y el paladar sentir las mejillas calientes por dentro, moviendo la comida de un lado a otro. Sentir el calor en las yemas de los dedos y apagarlo con mi tacto y mantener la temperatura suficiente entre mis dedos para que al llegar a la boca, apetezca saborear. Agua. Zumo. Vino. Todo frio.

-Quisiera poder olvidarme de las bebidas con gas. –

Comer hablando, riendo. Compartir comida. Compartir la noche. Compartir el calor, la ciudad, el ruido.
Las calles sucias y las calles limpias pasar de unas a otras, todas ardiendo.
Volver a casa de día o de noche o por la tarde,

-echo de menos la lluvia que se llevaría el aire caliente que sopla. Sopla.-

 Volver a casa, a mi cuarto fresco  que ahora huele a agua marina tras un baño de ayer, con velas, incienso, huele muy bien.

-Apetece estar aquí. Por eso estoy aquí. Escribiendo.-

 Escribo y siento que hoy, ahora solo podría estar sola así escribiendo, si no, no podría.
¿Qué hay detrás de esta verborrea? ¿Qué hay detrás de escribir? Nada, todo. Todo  es por su propio peso. Ahora mismo esto pesa. Está siendo y eso pesa, como un recién nacido. 3, 200 Kg. El batido de vainilla, el cerebro desplomado, esparcido entre huesos, el tazón de té, las galletas, la lengua pesa. Las manos. Todo pesa, quizá hoy y ahora, escribir este siendo eso,  medir el peso de la vida.
A una amiga mía le gustan mucho las piedras últimamente, las colecciona, las baña en agua, no pretende regarlas que consté, las piedras no necesitan crecer. Ya pesan. Ya son. Leer, escribiendo esto pienso en Amelie Nothomb, en Marguerite Duras y ligeramente en Gabriel García Márquez. Me inspiran en esto. Me gusta leerles me llena la boca de masa de garbanzos con canela y luego me dan agua y explota en una fiesta en mi pecho. Eso me ocurre al leerles. Soy consciente de que acabo de hacer un NAME DROPPING, elegante. Pesan.

-Escribir hoy, ahora, para mi es Medir y exponer el peso de las cosas. –

Volar es levantar ese peso y alejarlo o elevarlo lejos del suelo, donde están en general las cosas que pesan.
Hoy bañaré mis piedras en agua, como hace mi amiga. Me pondré crema en las piernas, encenderé incienso y ahí cerraré la ventana. El agua marina no la comparto.
 El mar me espera, lo siento muy adentro, me llama. Yo le respondo. Iré en breves. El mar lo sabe y por eso me llama directa al pecho. Grito por dentro, respiro por fuera. Al meterme en el mar entraré con todo mi peso, caeré como una piedra.
-Eso también es escribir gritar por dentro, respirar por fuera e invertir el orden de esas palabras.-
Sentir conscientemente es pesar, es tener peso. Es ESTAR.
Hoy como y bebo
Hoy escribo.
Hoy peso.

Hoy estoy aquí.

lunes, 18 de mayo de 2015

Para que no me olvide de Mayo

Este Mayo simplemente compartimos la madera blanca de la mesa de la cocina. Este Mayo hubo lugar para la complicidad de nuestra conversación, el sonido de nuestras palabras. Este Mayo volvió a suceder tu voz crujiendo y secando las letras, eso si que es excitante y mi sinceridad dibujando los recuerdos y proponiendo sutilmente un presente. Ocurrió el silencio antes de dormir, acostadas en la misma cama, la distancia entre nosotras que tensaba el colchón, esperando a ver quién se dormiría primero. En Mayo sucedió el despertar cómplice, juguetón y brevemente sucedió esa mirada tuya que dispara chipas y ejerce de imán para mi alma que empujaba mi cuerpo hacia ti. Fue tan breve que mi cuerpo permaneció inmóvil y mi corazón jadeante.  
La noche siguiente jugamos, te busqué y me dejaste encontrarte con nuestras manos.
Para que no me olvide de Mayo  en su noche volvieron  fuegos artificiales por el cielo y la estela de sus luces amaino en la cocina. En aquella noche de Mayo se revelaron las verdades, las libertades limpias de pretensiones. En la cocina frente a frente y haciendo esquina las sonrisas, se hizo presente : nuestra conexión fuerte, libre, única. Atrevo a nombrarla irrepetible. Esta pasada noche del mes de Mayo no sucedió. No sucedió el estrépito de nuestras manos acercándose a nuestros cuerpos. No rodaron nuestros ojos sobre nuestros labios, ni estos se mojaron de la otra. No nos penetramos desnudas, no nos amamos de nuevo  al despertar.
No nos hizo falta aquella noche de Mayo. Lo dejamos en la intención silenciosa, en la retaguardia del deseo. 
No nos echamos en FALTA.

En Mayo nos abrimos para la otra, He descubierto que no nos carecemos la una de la otra, que nos sumamos en complicidad, en juego, en amor, en libertad… y por eso  cuando surja lo no sucedido si tiene que ser, sucederá.

Este Mayo  para que no me olvide de él, de los ciclos, del buen sol que siempre vuelve, de nuestra conexión, que florece cada año y que  pocas veces nos ha  dejado dormidas en Mayo. 

domingo, 29 de marzo de 2015

Salvaje

No se va a ahogar, ni siquiera se pondrá enferma. Solo liberará todo su corazón, todo lo que hay de el, todo lo que cuelga de su alrededor, todo lo grande que es. 
Solo quiere liberar su corazón, que se derrame en el agua, en la arena, sobre las rocas que se pierda en la espuma efervescente del mar, quiere hacerse ballena, ella entera reducida a su propio corazón, que bombea cuando rugen las olas y pide adueñarse de su grito, de su voz en resonancia con el viento y la lluvia, en caso de que llueva. En caso de que queme el sol lo mirará de frente, le mostrará su rostro y luego cerrará sus ojos, sintiendo que el sol seguirá ahí. Bendiciendo con su fuego, lo que haga, lo que sea, lo que ella sea.

Todo esto es un plan, que vuela por sus venas, enfriándolas, preparándolas para explotar en contacto con el agua helada. Expandirse en el agua. Correr por ella sentir sus piernas empujando con determinación el movimiento del mar. Salpicar, golpear, sentirse como la sal que se agarrará a sus labios y su cara, que pegará su ropa a su piel y ella sentirá el mar. Sentirá la vida como suya, porque lo será. Su vida será suya. Se reirá a carcajadas ronca por su voz que brotará  de su diafragma y como la furia del mar, ella también conquistará el cielo, la playa, las rocas y acantilados. El eco de su voz llegará a cada rincón de la cala. Ella estará rendida a su naturaleza, abrirá los ojos y se adueñara de lo que vea, abrirá sus manos y se adueñara de lo que toque, abrirá su boca y se adueñara del sabor del mar, del sabor de su piel salada, de su sabor. Abrirá su pecho y su corazón enorme, hinchado por el agua, su corazón en bruto sin ropa irrumpirá en el paisaje tiñéndolo todo de poder. Y entonces dueña de su amor Ella vestida con la ropa mojada y salada de mar, llevándoselo así consigo, tiritando de libertad, volverá , caminando despacio, sintiéndose dueña, sintiéndose acogida por el mundo, sintiéndose en casa.